July-September 2011
CUIDANDO DE SI
Por Jan Willis; Traducido por Marilena Molinaro

Jan Willis en Nepal
De entre todas las emociones negativas, dañinas, que tenemos, la rabia es sin duda la mas peligrosa porque no sólo causa mucho daño a los demás sino que es quizás también la más perjudicial para nosotros mismos. El budismo al comienzo nos dice que para volvernos un verdadero guerrero, un conquistador (jina) debmos superar especialmente a este enemigo. El nos enseña que un arhat es alguien que destruyó completamente (han) a sus enemigos internos (ari-s) la rabia, el odio y el autoengaño (o deseo, rabia e ingnorancia) y es quien de esta manera aplastó y partió en pedazos el verdadero centro y raíz del samsara: el mundo de la miseria. ¿Por qué este lenguaje tan violento? Porque de todas las cosas en el mundo del samsara, la rabia es la única que tiene el solo propósito de causarnos daño a nosotros mismos y a los demás. Esta es su esencia y su raison d’être (razón de ser). El gran poeta del siglo VIII, Shantideva comprendió esto muy bien. Lo escribió en su magistral Bodhicaryavatara (El camino del bodhisattva), en el famoso sexto capítulo “Paciencia” [versos 7 y 8], Shantideva compuso:
“Cuando obtengo lo no deseado
Y todo lo que impide mis deseos –
Por insatisfactoriedad mi rabia encuentra combustible
Y desde allí crece y me golpea derribándome.
“Por lo tanto destruiré totalmente
El sustento de mi enemigo,
Mi oponente que no tiene otro propósito
Que herirme y lastimarme.”
La rabia no tiene otro propósito que herirme y lastimarme.
Las emociones negativas como la rabia, enemistad, celos, arrogancia y otras se mencionan como klesha-s, eso es, como emociones que “nos golpean o infligen daño” a nosotros o a los demás. No hay klehsa-s apacibles. Ninguna de ellas es no-violenta. Todas desean dañar y dañar y la más culpable de todas ellas es la rabia. Entonces ¿que hacemos, o podemos hacer con la así llamada “rabia justificada”? Esta es una de las preguntas que me hacen con más frecuencia. Creo poder afirmar con casi absoluta certeza que deben haber pocas excepciones a la noción de que la rabia es siempre dañina, como para sugerir que en ciertas condiciones, puede ser de ayuda o aún legítima. Puedo entender de donde surge este sentimiento. Uno desea por ejemplo, no permitir pasivamente que una situación abusiva continúe. Pero no devolver el golpe no significa, o al menos no necesariamente, ser pasivo o sumiso. Pacifismo no signifa ser pasivo. Podemos ser no-violentos y aún así resitir. De hecho debemos estar aptos para trabajar eficientemente para nuestro propio bienestar y el de los demás. Debemos ser claros, creativos e innovadores para lograr cambios. Pero debido a la confusión mental que crean la rabia y el odio no puede haber claridad. De ahí que nuestros intentos terminan fracasando una y otra vez. Se que estas cosas suenan como viejos clichés y obviedades. Sin embargo estoy hablando desde mi propia experiencia.

Martin Luther King, Jr., 1964. Foto por Marion S. Trikosko.
Siendo adolescente, manifesté con el Reverendo Dr. Martin Luther King, Jr. durante la Campaña de Derechos Civiles en Birmingham, en 1963. Algunas veces sentía temor de la conducta del Comisario Bull Connor German pero me regocijaba aún más por la posibilidad de participar en un movimiento moral y espiritual triunfante de semejantes características. Por supuesto la no-violencia y el amor eran el verdadero corazón de este movimiento. Nuestro objetivo era doble, al mismo tiempo que pretendíamos nuestra victoria también lo deseábamos para nuestros oponentes. Esta pacífica, no-violenta resistencia resultó victoriosa finalmente, cuando al año siguiente el Acta de Derechos civiles fue promulgada como ley. Pero el combustible del movimiento era la no-violencia y la compasión. Eso era amor, no odio.
Algunos años más tarde me vi envuelta en una situación que me demostró lo difícil que es mantener la paciencia. Me volví realmente rabiosa. Estaba afiebrada. Estaba roja. Me desencajé totalmente y bullía a lo largo de los días sin poder dormir y pensar claramente. Ahora bien, la razón de mi rabia no es lo que importa, aunque uno diga que si y de hecho en aquel momento lo hice yo la llamé “justificada”. Lo que sí sé sin embargo y es por experiencia propia, cuan verdaderamente dolorosa (tanto física como mental) fue la rabia por aquellos días. Todo esto a cuento de la rabia, mi enemigo que no tiene otro propósito que herirme y lastimarme. Lo que quiera que pase con el objeto de tu rabia, tu sufres porque la rabia siempre lastima.
Pero, ¿cómo destruimos la rabia? ¿Cómo hacemos para que se vaya incluso la “justificada”? ¿Cómo terminamos con el círculo vicioso de la rabia? Afortunadamente, muchas enseñanzas Budistas y para mi una Bautista Budista, el Reverendo Dr. Martin Luther King, Jr. en muchos de sus sermones ofreció métodos para esto, métodos que reconocen que no hay arreglos rápidos para semejantes hábitos tan antiguamente arraigados y que este cambio lleva tiempo.
En El camino del Bodhisatva de Shantideva, el capítulo entero sobre la “Paciencia” está dedicado a ofrecer varios y diversos métodos para lidiar con la rabia y pacificarla. Algunos incluyen “cambiarnos por los demás”, o ponernos en su lugar.
Otros nos piden que consideremos como las cosas suceden debido a causas y condiciones y que reconozcamos como nuestras acciones pasadas dieron lugar a las presentes circunstancias. Mientras unos ponderan el beneficio de las acciones mezquinas, y dado el hecho de que todos estamos destinados a la muerte, otros visualizan las alegrías que provienen del crear felicidad para los seres en vez de congoja. Es una enriquecedora y magistral pieza poética.
El Dr. King una vez dio un sermón que puntualizaba expresamente el “amar a nuestros enemigos”. El comenzó diciendo: “Probablemente no haya habido otra admonición de Jesús tan difícil de seguir que el mandato de “amen a vuestros enemigos”. De esta manera King prosiguió llamando a Jesús “un realista práctico” y dijo que “…nuestra responsabilidad como cristianos/as es descubrir el sentido de este mandato y intentar apasionadamente vivenciarlo en nuestra vida cotidiana”. Entonces el puso de relieve tres pasos de un práctico método para amar a nuestro enemigo. Primero, dijo, “…debemos desarrollar y mantener la capacidad de olvidar”. Segundo, “…debemos reconocer que el accionar maligno del enemigo…no lo muestra completamente”, y tercero debemos aspirar a la reconciliación y “ganar la amistad y comprensión de nuestro enemigo”. Tan simple y al mismo tiempo un gran desafío.
Lo que es de crucial importancia en ambas visiones, es la comprensión de que mientras nuestro lado salvaje, las emociones perturbadoras nos traen problemas y sufrimiento, la única forma de conquistarlas es con un tipo de análisis amoroso abierto, espacioso y sostenido. El corazón y la cabeza deben trabajar al mismo tiempo.
Jan Willis es profesora de Religión en la Universidad Wesleyan. Ella estudió y enseñó budismo durante décadas. Willis es la autora de varios libros, incluyendo Seres iluminados y Soñándome: negra, bautista y budista – la peregrinación espiritual de una mujer de Wisdom Publications.
Tags: spanish